Nuestro paso por el DESIERTO (01/05/2013)
Salimos de Yazd por la carretea en dirección a Teheran, pero
a unos pocos de kms, nos desviamos a la derecha en dirección de Tabas.
HEMOS comenzado el desierto.
En este inicio nos vamos a desviar a ver Chank-Chank.
Es un sitio religioso que en el mes de junio tiene lugar una
importante concentración de peregrinos cuya religión es el zoroastrismo.
El lugar solo tiene de particular, para el extraño, que es
una semicueva a una altura de unos 300 mts del valle y en la cual gotea agua
constantemente y por supuesto se mantiene el ‘fuego eterno’, como en cualquier
templo zoroástrico que se precie.
| Adela con seguidoras zoroástricas |
El lugar es afeado por unas grandes estructuras de ladrillo,
donde en cada una de ellas solo hay suelo, techo y dos paredes. La ausencia de
la posterior sirve para que entren las personas que en la referida
peregrinación se quedan a vivir en estas enormes salas. La ausencia de la de
enfrente es para dar vista libre al valle.
| Una ventana del templo al valle |
Este sitio, nos recuerda la localización de zonas muy escondidas (si solo existiera la semicueva es imposible verla desde el valle) para seguir con un culto que está siendo perseguido; en este caso desde la invasión árabe del 640 (aprox.).
Después seguimos para atravesar el Desierto de la Sal y
hacer unos 100 kms de pista.
Comimos estilo ciclista y en pocos minutos la pista …. ¡LA
PISTA! …. me la han asfaltado.
| La pista ha desaparecido |
Me fui a protestar al primer puesto de policía que surgió,
pero no sirvió de nada. No entiendo el farsi.
Al final, ni dormida en el desierto, ni ruta. Eran la cuatro
de la tarde y estábamos en Tabas.
¿Dormir aquí o llegarnos hasta Ferdows?. Son cerca de 200
kms pero nos dicen que en poco más de 2 horas estaríamos.
De Ferdows nos tienta la información que nos dio Hossein en
Isfahan. Nos dijo que el paso entre montañas de distintos colores es muy bonito
y que 10 kms antes del pueblo hay un pequeño hotel recomendable.
Nos lanzamos, literalmente, a conseguirlo.
Hoy no es el día de suerte. No
hemos visto ni un carteldel hotel recomendable. Al final paramos en el hotel
del pueblo, con boda sonora por la noche.
El día no ha llegado ni a un mínimo de las expectativas
iniciales. Este desierto es muy pedregoso, con montañas áridas y recias. El
único punto interesante son las lagunas naturales que, normalmente secas,
reflejan los blancos de la sal.
Hemos realizado 600 kms y nada ha despertado nuestra
histórica buena relación con los desiertos.
Nuestro paso por el INFIERNO (02, 03 y 04 / 05 /
2013)
Salimos de Ferdows sin objetivo claro de donde acabar, ¿en
Neyshabur?, ¿en Mashhd? o ¿en Sabzevar?. Todos ellos en el noreste y a la
salida del desierto.
Sí sabíamos que teníamos que hacer el cañón y las montañas
que conectan Kashmar con Neyshabur. Conocíamos que es de lo más interesante de
la zona por el blog de unos franceses que hicieron este recorrido en bicicleta.
Así lo hacemos y en verdad es lo único que nos ha llamado la
atención después de haber realizado 800 kms del desierto de la Sal.
Cuando llegamos a Neyshabur, vimos que la ciudad no tenía
mucho interés y el hotel menos aún.
La decisión estaba entre ir a Mashhad, la ciudad más
religiosa de todo Irán o girar a la izquierda para llegarnos por la vía rápida
al Mar Caspio.
Entre ver el mayor santuario islamista o ganar algún día
para asegurarnos no tener que pedir ampliación de Visa, preferimos esto último.
Pusimos rumbo a Sabzevar para dormir allí.
Saliendo de Neyshabur, desde parados al acelerar despacio
oímos un pequeño golpeteo en la zona delantera, ¿derecha?. Parada, revisión y
el origen del ruido no lo localizamos, pero sí vimos una pequeña perdida de
aceite.
Problemas con la bestia.
Después de visitar un par de ‘sitios’ (no podemos decir
talleres) vimos que en la zona no hay nivel para reparar. Tomamos la decisión
de ir directamente a Teheran donde hay concesionarios Toyota.
En el camino, le comento a Adela que el problema del coche
es la maldición del Imán Reza, enterrado en Mashhad y que atrae a 20 millones
de personas al año para visitar su santuario. Como no le estimamos lo
suficiente para ir a verle, estando en su casa, nos ha lanzado dicha maldición.
Adela cree que se lo comento de broma, pero se lo dije en
serio.
Nos toca asumir la situación, recomponer el coche y cambiar
los planes de la ruta. Sacrificaremos la parte este y central del Mar Caspio y
al Imán Reza le pediremos disculpas.
Después de dormir y tempraneros, nos comemos los 670
kms que hay a Teheran, llegando sobre las 5 de la tarde. Con la información que
tenemos (no estaba previsto pasar por esta ciudad) elegimos un hotel y le
indicamos la dirección al navegador (Sygic).
Caos, caos y recaos de tráfico. Todas las calles colapsadas.
Llegamos al hotel pasadas las 19 horas.
Cansados y tensos, mal dormimos, y al día siguiente muy
temprano al concesionario.
Resumiendo la historia de los talleres:
Primer concesionario- no pierde aceite sino gasoil. Pasa por
ser muy malo el gasoil de aquí y al no quemar lo rezuma por la tobera de
salida. El ruido es un sinenblok de la horquilla de sujeción. Ningún problema
para hacer miles de kms más. Pero como ellos no son especialistas en diesel nos
envían a otro concesionario.
Segundo concesionario- la perdida del gasoil es en una pieza
que va a ir a más. El ruido es la transmisión que está mal. Ellos no tienen
piezas y tardarían meses si las pidieran, pues en Irán no hay coches de gasoil.
El que nos atendió nos hizo la reflexión sobre cómo se nos ocurre venir con
coches de diesel a estos países. No supe que responderle, solo poner cara de capullo
que duda entre la capullez que acaba de escuchar o la capullez de venir con
estos coches.
El ir de un concesionario a otro y volver para salir hacia
Qazvin (dirección la frontera), son 50 kms y tres horas de locura. Los atascos
son infernales pero los conductores son el demonio.
En Qazvin, decidimos sacrificar la visita a las Montañas de
los Asesinos, sobre todo a Alamut (lloros y lamentos, pues era cita obligada para
mi fantasiosa mente. Al día de hoy sigo con los lamentos). También decidimos, al
menos, acercarnos a ver una esquina del Mar Caspio. Por eso ponemos rumbo a
Rast.
| Paso entre montañas |
| Montes Alborz |
Paralelo a la costa sur del Mar Caspio están los montes Alborz. Nosotros los hemos recorrido en su vertiente sur (unos 500 kms), y toda la línea es una cara de montañas en diferentes colores pero peladas de cualquier vegetación. Su cara norte es de gran vegetación, no solo hay grandes plantaciones de té, sino frondosos bosques. En lo poco que hemos visto había de hayas, robles y pinos.
Los Alborz, podíamos decir separan el cielo del infierno. El
purgatorio ya no existe.
En este último recorrido, vemos instalaciones industriales practicamente aisladas de cualquier nucleo urbano.

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